sábado, abril 24

¿Por qué salir de casa...


¿Por qué salir de casa
y correr a esconderme
entre convulsas sombras
que a su paso oscurecen
las luces diluidas de los escaparates?

¿Por qué sentir que hay algo
más cierto que mi tarde
que me llama insistente
desde la última certeza del asfalto?

No es tiempo de buscar,
Tal vez, tampoco es tiempo de encontrar
Pero existen lugares donde la vida late
Y se oculta
Y palidece en el caos de la música
Y aunque sin inocencia es frágil
Como el hilo de voz que una canción desata
Y unos labios recogen sin esperarlo apenas.
Porque salir de casa ayuda
A no volver atrás.

De María Cinta Montagut

Revuelta con el viento


Revuelta con el viento
mi alma has arrastrado
hasta la orilla de tu alma.
Mas mi cabeza
anclada en ese cuerpo
se revela contra la distancia
y poseída asedia tu aislamiento.
Te busca fieramente en tus palabras
con los ojos heridos
en medio de un incendio.

De Clara Janés.

Antesala del miedo


Supe de la neblina
y salí al mundo.
El miedo era un planeta extraño
verte venir desde la acera opuesta
toda tu luz burlando el mediodía.
Yo que apuré el asfalto
todo el viento del mundo reteniéndome.
De qué sirve el amor
qué extraña esencia nutre su llegada
para que se convierta en una espera
en una melodía.
Calle para mis pasos
y el mar que desemboca a la vuelta de tus ojos
como el deseo de ser mar
encrucijada.
Qué luz viene de ti que me enceguece.
No puedo darte la felicidad sino su anverso.
Voy a decir amor trazo de sombra y no te marches.
El miedo es un planeta absurdo y cierto.

De Odette Alonso.

viernes, abril 16

Bajo los auspicios


La cosa más profunda que he vivido
ya la he olvidado. Ahora sólo me importa
arreglar la ventana si se rompiera, o
limpiar los cristales. Todas las verdades
han sido un largo pronunciamiento sin fecha,
de pronto no recuerdo ninguna. Se confunden
encaramadas bajo los auspicios de mi necedad
que tampoco se precia. A mí me gusta
el encantamiento de ciertas tardes, cuando
lo evidente no es real.


De Concha García.

Empezar


Todavía no he bebido lo suficiente.
No digo mucho, digo lo suficiente.
Así que ahórrate la otra vez
y próximas. Nunca dije: atada soy.
Ni me horroricé por un beso
en cualquier parte. Adoro
sólo lo adorable. Un día, u otro
siempre puede asomarse una
a la ventana y ver tejados.
Adoro los tejados y beber.
Bebo para la tirria, para
comprender. No te entiendo,
me levanto, está bien,
no me quedo.

De Concha García.