miércoles, octubre 27

Certidumbre de ausencia.


Regreso al mismo café.
Las horas lentas que pasaron en vano
atraviesan conmigo la puerta giratoria.
Y al fondo, entre las mesas,
una sonrisa tuya me mira como entonces.
Pero otra vez esos labios extraviados
tampoco son tus labios, no hay sonrisa
y el mármol de esta mesa
certifica en mis manos un mensaje de frío.


De Amalia Iglesias.

lunes, octubre 25

L'oiseau


Me posé en el alambre de aquel día.
El Sol estaba exhausto.
Soportaba su corona de invierno.
Un vaho translúcido sedaba la ciudad.
Sólo el cielo encontró con qué cubrirse.
Los álamos sin tierra,
sin su arraigo mimético en el suelo,
intercambiaban risas de ojos tristes, de ajena desnudez.
Tu lienzo, contra el álamo, esperaba
"El Sol reparte sus oros,
los álamos verde-plata
se engalanan y hacen coro
de los coros de cigarra"
Las plumas que me arrancaste
no hizo falta que volvieras a pintármelas.
Me posé en el columpio de alambre de tu firma
y despunté mis arias.


De Esther Giménez.

jueves, octubre 21

Asedio


"Si te ponen miedo mis ojos ausentes,
mis ojos noctámbulos, mis ojos dementes..."

León de Greiff

No me culpes.
Por rondar tu casa como una pantera
y husmear en la tierra tus pisadas.
Por traspasar tus muros,
por abrir agujeros para verte soñar.
Por preparar mis filtros vestida de hechichera,
por recordar tus ojos de hielo
mientras guardo entre mis ropas
un punzón de acero.
Por abrir trampas
y clavar cuchillos en todos tus caminos.
Por salir en la noche a la montaña
para gritar tu nombre
y por manchar con él los blancos paredones
de las iglesias y los hospitales.
Hay en mí una paloma
que entristece la noche con su arrullo.
Mi noche de blasfemias y de lágrimas.

"Círculo y Ceniza"

De Piedad Bonnet.

martes, octubre 19

Plenilunio


Por cada mujer
que muere en ti
majestuosa
digna
malva
una mujer
nace en plenilunio
para los placeres solitarios
de la imaginación traductora.

De Cristina Peri Rossi.

domingo, octubre 17

Busco una enfermedad que no me acabe...


Pintura: Richard Miller.
Busco una enfermedad que no me acabe
sino el dolor constante de la vida:
algo para fingir que estoy dormida
detrás de este temblor de escarcha grave.
Busco un agua cósmica que lave
la lágrima terrible que me oxida;
busco el morir distinto, y voy herida
por la pena vulgar que nadie sabe.
Y así me marcho, sonriendo a todos,
luminosa de gracia y desventura,
con el secreto horror hasta los codos;
callándome en el verso y en la prosa,
para que escriban en mi tierra dura:
esta mujer ha muerto de dichosa.

De Carilda Oliver Labra.