jueves, septiembre 2

Calle de la guadaña



Una verdad me sigue por la calle.
Casi roza su sombra con la mía.
Oigo cómo se enredaentre las buganvillas,
cómo gimeimplorando el abrazo de las tapias
hasta caer inerte sobre el suelo.
Dios mío, si es posible, pase de mí su rostro,
este encuentro con ella a vida o muerte,
la tristeza tan larga que me augura.
La calle se hace ahora más estrecha,
más húmeda y extraña.
Continúan goteando su livor las buganvillas.
Vuelvo la vista atrás.
Allí está ella,erigida en el tiempo,
modelada por caricias.
La miro.
Es sólo mi reverso.

De María Sanz

miércoles, septiembre 1

Ausencia



Tu ausencia llena todo
el espacio que tú y yo compartíamos.
Se hace dueña del aire,
se introduce en el último hueco de la casa,
impregna cada prenda.
De repente fija sus hondos ojos sobre mí,
y tras verter en mi interior
el peso de tanta soledad irremediable,
acabo siendo todo yo tan sólo ausencia.
Sólo ausencia.

De Lorenzo Oliván.

lunes, agosto 30

Elegía para decirme...



Yo le recuerdo aquí: donde me duele
el color que le trajo a mi esperanza;
y le recuerdo aquí porque soy triste
y ya no puedo echarme entre sus lágrimas.
¿Qué corazón saldría de este insomnio
si yo supiera ser una muchacha;
si no me pareciera tanto a mis ojeras,
ni a esta tarde de invierno, así doblada!
Pero me acuerdo aquí de que anda lejos
el que vivió a la vuelta de mi espalda.
Me acuerdo de su nombre perezoso
que casi no quería ser palabra.
Me acuerdo de su risa mal abierta
riñéndole por dentro a la mirada,
y de su frente que crecía;
y de su voz inútil como el alba
y de un secreto que quedó inconcluso
aquel domingo en que amó la nada.
¿Qué corazón saldría de este insomnio
si yo supiera ser una muchacha!
Pero me duele aquí, donde me canso,
aquel hombre agobiado por crisálidas.
Pero me duele aquí, donde soy sola,
esta verdad metida entre dos alas.
Qué corazón saldría de este insomnio...
Pero soy todo el blanco que se acaba,
y no me porto bien con la alegría
por lo que traigo al sur de mi garganta.

De Carilda Oliver Labra.

domingo, agosto 29

La distraída..


No estás ya aquí.
Lo que veo de ti,
cuerpo, es sombra, engaño.
El alma tuya se fue
donde tú te irás mañana.
Aún esta tarde
me ofrece falsos rehenes,
sonrisas vagas, ademanes lentos,
un amor ya distraído.
Pero tu intención de ir
te llevó donde querías lejos de aquí,
donde estás diciéndome:
«aquí estoy contigo, mira».
Y me señalas la ausencia.

De Pedro Salinas.

No le consientas tanto, que acostumbras...



No le consientas tanto,
que acostumbras mal a mi corazón.
Exige, hiere.
Niégale a mi pregunta lo que inquiere,
si pide luz, mantenla en las penumbras del amor.
Cuanto más lo alzas y encumbras
más insaciable está.
Mi amor prefiere luchar por la respuesta,
y que él espere impaciente
la luz con que me alumbras.
No le perdones nada a mi descuido
que me duele ser siempre la deudora
de tanto amor, y tal renunciamiento.
Dame que perdonar. Yo te lo pido.
Hiere mi corazón, hiérele ahora
para que perdonando esté contento.

De Pilar Paz Pasamar.