Yo llevaba, prendidos de mi espalda,
sueños apolillados.
En la lengua ilusiones desgastadas,
en el vientre aspereza.
Dentro de mis bolsillos
lápices de colores despuntados
y, cada cuarto de hora,
una renuncia entre los dientes.
Entonces no tenía nombres de humo
que lograran frenarme
ni sabía que un verso desataba
y me arrastré como serpiente
esperando tu ayuda para mudar de piel.
sueños apolillados.
En la lengua ilusiones desgastadas,
en el vientre aspereza.
Dentro de mis bolsillos
lápices de colores despuntados
y, cada cuarto de hora,
una renuncia entre los dientes.
Entonces no tenía nombres de humo
que lograran frenarme
ni sabía que un verso desataba
y me arrastré como serpiente
esperando tu ayuda para mudar de piel.
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